“Tu Historia” – Elias Hernández Tapia

Elias_HernandezElias Hernández Tapia
34 años
Antropólogo
Distrito Federal

“Andar en bici significa moverte con tu propia energía”

Tengo cuatro días con mi bicicleta. Con ella me he convertido en una extraña simbiosis de peatón, motociclista y automovilista, pues me muevo en dos ruedas con la libertad de escoger caminos y tomar velocidades que me permiten disminuir los trayectos. Cuando puedo subo y bajo las banquetas, me meto a los estacionamientos y no pago ni un peso, ni siquiera me tengo que esperar a que avancen los coches. Cuando quiero me bajo de ella para caminar, especialmente por las calles empinadas que aún no logro dominar.

En ella no llevo prisa porque sabemos, ella y yo, que sea la hora que sea, llegaremos a tiempo, incluso antes que aquellos(as) que viajan en transporte público, como mi novia que no aguantó más y se compró la suya. El viernes que compré mi bici, ella se regresó en metrobus y luego tomó un camión que la deja cerca de la casa. Llegó veinte minutos después de mí; yo ya estaba recostado en el sillón viendo la televisión. No me creía que había llegado con tanto tiempo de diferencia. El sudor que había desaparecido, mi respiración regulada y mi postura en el sillón, fueron muestras y motivos suficientes que la convencieron para tener su propia bici. Al otro día, el sábado por la mañana, fuimos a comprar la suya.

Andar en bici significa moverte con tu propia energía, depender de ti para moverte de un punto a otro (el tránsito te resulta indiferente), sentir el viento en tu rostro (aunque se te metan basuritas en los ojos), evitar pagos propios de un automotor (gasolina, placas, tenencia, etc., etc., etc.).

Moverte en bicicleta te vuelve un ciudadano ‘Pro’ en una ciudad tan necesitada de personas que contribuyan a una mejor convivencia, empezando por la libre circulación. No sólo el ‘biciclista’ se sabe Pro, también lo saben algunos automovilistas que te ceden el paso o, al menos, lo consideran aquellos que no te avientan el carro para demostrar su poderío vial. A diferencia de un motociclista, por ejemplo, el ‘biciclista’ no vive en una carrera contra el tiempo ni contra otros automovilistas. No tiene necesidad de competir con ellos. El motociclista es gandalla por autonomasia, al menos así lo percibe una parte considerable de automovilistas, por lo que en la menor oportunidad que tienen, le avientan el carro o le recuerdan a su mamá con el claxon; fama que ha tenido que cargar el resto de motociclistas (entre los que me incluyo) gracias a los bien -o mal- conocidos pizzeros o repartidores que hacen de la circulación un verdadero estado de alerta al poner en riesgo su vida y la de otros conductores. Andar en bici te pone en un ámbito donde la libertad, la diversión y la seguridad conviven segundo a segundo.

Tienes la libertad de circular sabiendo que la seguridad depende más de ti que de otros. A pesar de que te puedes accidentar, los riesgos los puedes evitar con una correcta circulación que respeta y considera tanto al peatón como al automovilista, incluido el motociclista. Fuera de eso, la diversión está asegurada, ya sea sólo o acompañado. Saltar desde una banqueta, zigzagear en la calle (donde no hay autos), acelerar para tensar los músculos, pedalear parado, subir o bajar caminos y pendientes retadoras, avanzar en el tránsito mientras miras la cara de hartazgo de los automivilistas, burlarte de ellos (discretamente) mientras cargan gasolina -que cada vez les cuesta más cara-, aceptar el reto del perro callejero que se dispuso a perseguirte, esquivar el balón que apareció de la nada… y un largo etcétera que se extiende hasta que tú y tu bici quieran.

En estos días me he encariñado tanto con mi bici que no he tenido reparos en permitirle dormir en la recámara. Después de la sutil notificación de la administradora del edificio de que no podemos tener bicicletas en el patio, no he tenido empacho para darle cobijo dentro del departamento; y cómo no habría de ser así, si es la compañera que me llevará y me traerá de un lugar a otro. No importa si regreso empapado, empolvado o sudado. El viaje bien lo valdrá.

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