“Tu Historia” – Javier Garduño

EnBici

Javier Garduño
29 años
Estudiante y consultor en finanzas públicas y desarrollo urbano
Ciudad de México

“Sabía que formábamos parte de un movimiento que realmente estaba cambiando la ciudad”

Para mi en un inicio la bicicleta fue una especie de liberación. Yo no andaba en bici hasta que en la universidad me fui a realizar un semestre de intercambio en Italia. Llegué a una ciudad muy turística en donde la oferta de servicios (tanto de ocio como de transporte) me resultaban sumamente cara. Un amigo mexicano que también vivía ahí me vendió una bicicleta y a partir de ahí mi vida cambio literalmente. Ya no me tenía que preocupar en mis trayectos a la universidad (en los primeros días decidí no pagar el transporte por lo que cada viaje era una preocupación constante por no encontrar controladores en el autobús), podía conocer lugares alejados del ajetreo turístico y tuve un medio para recorrer la ciudad y conocerla a fondo. Recuerdo que una vez llegué a la oficina de Turismo de la ciudad a pedir un mapa para conocer las rutas cercanas para recorrer en bicicleta. Saliendo de ahí decidí ir hacia el norte y ver cómo era perder el espacio urbano para adentrarme en los campos de la Toscana. Una vez saliendo de la ciudad de Florencia no pude parar. No llevaba conmigo ni dinero, ni identificaciones, ni agua… y simplemente empecé a pedalear hasta que llegue a un pequeño pueblo vinicultor después de recorrer casi 50 kilómetros. Tuve que hacer un esfuerzo sumamente grande para poder regresar a Florencia con el estómago vació y sin agua, pero una vez de regreso me dí cuenta del potencial tan grande que tiene la bicicleta.

Cuando regresé a la Ciudad de México fue cuando mi experiencia como ciclista urbano cambió. Ya no se trataba de una forma para poder conocer la ciudad sino una batalla de todos los días en un ambiente sumamente hostil con los ciclistas. Ahí fue donde me convertí en “activista” pues me dí cuenta que a pesar de ser pocos en una ciudad de millones, al final los que estábamos dispuestos a modificar la forma en la cual nos desplazamos eramos muchos. Conocí a los Bicitekas, que ya llevaban varios años organizando rodadas nocturnas por la ciudad, y fue cuando decidí ponerme formalmente la camiseta de “ciclista urbano”. El intercambio de experiencias con gente de Bicitekas, la diversidad de la gente que asistía a sus rodadas y el ambiente que se creaba en esas noches de luces y pedales me cautivó. Sabía que formábamos parte de un movimiento que realmente estaba cambiando la ciudad y la percepción que se tiene de la bicicleta En fin, con Bicitekas conocí lugares de la Ciudad los cuáles no sabía que existían, tanto por su lejanía como por su dificultad para acceder.

Creo que la bicicleta vuelve a las ciudades más humanas. Prácticamente podría resumir lo anterior con una sonrisa. Me explico. Cuando empece a andar en bici en la Ciudad me dí cuenta que muchos ciclistas te sonríen cuando te los encuentras en la dirección opuesta (y más los que usan casco). Es como una especie de reconocimiento por hacer algo para mejorar las cosas (creo yo). Para mi no es tanto una forma de reducir emisiones de contaminantes sino un forma de reconocernos como parte de una colectividad en un ambiente sumamente atrapado por el individualismo y el consumo. Siento que como ciclistas estamos reconstruyendo un vinculo que nos había alejado del espacio público y que al hacerlo estamos ejercitando nuestros cuerpos y nuestro espíritu.

Pero reconstruir los vínculos no es una cosa fácil. Al final, en nuestra ciudad es una batalla por el espacio público. Durante muchos años hemos hecho todo lo posible para que circular en auto sea más fácil, lo cual también se convierte en una aspiración. Y creo que esa es una de las principales barreras a las que me he enfrentado como ciclista en la Ciudad. Mucha gente se queja del tráfico, pero no se puede imaginar estando fuera de una auto. Muchos sólo han vivido la ciudad a través del cristal de los coches y no puedan pasar esa barrera por que piensan que lo que está afuera es ajeno y peligroso.

El problema con los tomadores de decisión en la Ciudad de México es que se le ha apostado a muchas cosas. Por un lado hemos visto inversiones muy importantes en infraestructura cicilsta en el centro de la ciudad (ciclovías y sistemas de bicicletas compartidas), pero por otro lado a las afueras hemos construido cientos de kilómetros de vías elevadas exclusivas para los automóviles. Con incentivos tan distintos es muy dificil que la gente realmente se baje del auto o vea en la bicicleta una alternativa real de transporte. Pero aún así, y pienso que por un esfuerzo conjunto entre el gobierno y los ciudadanos, la cosas están cambiando en el DF. Cada vez se ve más gente pedaleando a la ciudad y espero que esto sea el inicio de un cambio muy profundo en nuestra relación con el espacio urbano.

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