“Tu Historia” – Luisa Citlali Garduño

Luisa Citlali Garduño
26 años
Social media
Distrito Federal 

“Mi bici dibuja una sonrisa en mi cara todos los días”

“Tan grandota y te da miedo”. Así me decía mi novio que le encanta andar en bici, que además es biciteka y hasta Toluca ha ido rodando, me intentaron enseñar varias veces desde que tenía doce años, obviamente abandoné una o dos bicis en el intento, mi miedo no me dejaba ver que yo la controlaba y siempre irremediablemente terminaba en el piso raspada y lastimando a la misma bici también, una boca rota que de no ser por mis brackets de pubertad me hubiera dejado un saldo de al menos dos dientes y todo por el miedo.

A veces cuando íbamos por la calle pasaban intrépidos niños junto a nosotros y mientras yo miraba nostálgicamente la rapidez con la que iban el me decía ¡mira a él no le da miedo! mejor el que tu, obviamente picando mi orgullo y ni mi orgullo ni yo podíamos con el miedo. Hasta que un muy buen día afortunadamente vi la bicicleta de pista que traía en ese entonces mi novio y le pedí que me la prestara porque no era posible que yo a mis veinticinco años no supiera y además le tuviera miedo a la bici…  Ese día tomé al toro por los cuernos o lo que es lo mismo tomé el manubrio de la bicicleta de mi novio y él mientras me sujetaba por detrás mientras le decía histéricamente “no me sueltes, no me sueltes” y de repente logré controlarla y andar una cuadra completa sin titubear y lo mejor sin miedo.

Semanas después en una tienda departamental vi en descuento una bicicleta rosa pastel bien mona, con el cuadro de mujer porque además debo agregar el cuadro de hombre me da terror por una dolorosa caída con mi bici de pubertad. Tenía canastilla al frente y una rejilla atrás, sus salpicaderas metálicas reflejantes y hasta pedestal. Hice lo que pude pedí prestado a quien se dejo y fui por ella. No estaba segura de llevármela andando así que me fui a pie con ella.

Hoy voy y regreso a mi trabajo que no me queda muy lejos, he de admitir, aunque ya no soy la miedosa, me meto entre el tráfico respetando los sentidos de las calles y procurando no arriesgar mi vida. Incluso ya aprendí como tomar velocidad y soltar una mano del manubrio, incluso me atreví a irme a Chapultepec en ella. Ya no me caigo y me atrevo a ir en las orillas de las avenidas grandes.

No soy una ciclista profesional pero ahora sé, que no podría vivir sin mi bici, sintiendo el sol de la mañana o la tarde sobre mi cabecita, incluso la lluvia… Despejando cualquier preocupación, estrés o manía recurrente…  mi bici dibuja una sonrisa en mi cara todos los días, y los días que no puedo rodar simplemente no me siento completa, y lo mejor mi novio ya no me hace burla de los niños, al contrario me recuerda que debo andar con cuidado.

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