Tu historia

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Relatos enviados

DinaDina Carrillo.
34 años.
Lic. Administración/Lic. Enseñanza de español para extranjeros.
México, D.F.

La primera vez que me animé a salir en bici fue a consecuencia del deseo de sentir lo que mi amigo Beto “El Loco” transmitía a través de las fotos que publicaba en su Face. Él siempre lucía contento y saludable no importando si hacía calor, frío o incluso llovía. Aquellas postales se me clavaron tanto en la memoria al grado de motivarme y pedirle que me permitiera rodar con él en las noches. Obvio, comencé en Bicitekas. Fue una noche lluviosa de julio del 2012 con una Benotto 24 y canastita incluída. ¡Increíble!

Posteriormente me incorporé a Demos Bike, un grupo que me ayudó bastante a elevar mi nivel y mejorar mi condición. Rodaba diario con ellos y no me importaba llegar a casa a las 3:00 am sedienta, hambrienta, a veces, destrozada por la exigencia de la rodada; simplemente iba a la cama y dormía feliz las cuatro horas que restaban de la noche antes de iniciar mi jornada laboral.

Me da mucha risa recordar cómo me hacían burla de mi bici, ¡claro!, todos ellos con sus súper aviones y yo con mi 24 (a la que decidí quitarle la canastita después de estamparme con una caseta telefónica)que por su fuerza y valentía decidí llamarla “Super 24” y sí, es bien cierto, esa bici me llevó a lugares que jamás había imaginado pisar y menos en la madrugada; calles, avenidas, autopistas, cerros y hasta a volcanes; fue (y es) leal conmigo porque nunca me dejó tirada, yo confiaba en ella y ella en la potencia de mis piernas; sus frenos nunca fallaron y hasta la fecha sólo dos veces se ha ponchado y es que es ¡toda una guerrera!

El cambio había llegado a mi vida. Justo en una noche de lluvia lo conocí y la palabra mágica “Maruata” nos dijo que sería bueno compartir esta nueva manera de ver el mundo, desde entonces estamos juntos y sí, la bici nos unió.

Paulatinamente y acorde a lo antes mencionado de manera repentina y casi sin darme cuenta ya estaba trabajando cerca de casa donde la bici se volvió al 100% mi medio de transporte. Ahora voy y vengo en bici al trabajo, a la escuela, a la tienda, al mercado (porque yo no consumo en Wal Mart), al parque, al museo, a la Cineteca, a reuniones con amigos ¡uff!, a cualquier lado.

Desde que conocí el placer de rodar, no he podido parar y entre más pedaleo mayor es mi deseo de seguir, mi salud es perfecta, me siento llena de vida y no importa cuán difícil haya sido mi día, siempre está ella, mi Super 24 para desahogar mis penas e incrementar mis alegrías.

fresh

José Ricardo Vitela Sánchez
25 años
Ing. Electrónico
Ciudad Juárez

“Con ayuda de mi novia realizo carteles alusivos a la bici y los cuelgo por toda la ciudad”

Bicicleta, hermoso y sublime, menospreciado por la ignorancia y la flojera. Aburrido, sucio, deprimente  y tedioso es utilizar el transporte público (ruteras) en mi ciudad, ese fue el detonante principal para que adquiriese mi primer bicicleta para transportarme a la universidad y al trabajo, en mi niñez la utilicé y los recuerdos de la sensación de libertad evocaron desde lo más profundo de mis recuerdos.

La metamorfosis que experimenté desde ese día hace 3 años: empecé a participar en carreras de ciclismo de montaña (chupacabras 100km Ciudad Juárez, vencedores del desierto 90km en Delicias, Chihuahua, Aventura en las dunas 40km Samalayuca Chihuahua). Sin embargo al realizar una introspección de este deporte comprendí que no era lógico competir con bicicletas de 30,000 pesos y yo con una de 2,000 pesos jajajaja, puse los pies en la tierra y ya solo recorro los cerros de mi ciudad por gusto y uno que otro maratón de 42km jajaja. Actualmente pertenezco al los movimientos de ciclismo urbano en mi ciudad “Juárez en bicla” “critical mass ciudad Juárez” “rodada de altura” y  con ayuda de mi novia realizo carteles alusivos a la bici y los cuelgo por toda la ciudad, tengo en mente abrir un club en mi colonia para fomentar el uso de esta panacea rodante así como educar sobre la sana alimentación, de manera gratuita.

EnBici

Javier Garduño
29 años
Estudiante y consultor en finanzas públicas y desarrollo urbano
Ciudad de México

“Sabía que formábamos parte de un movimiento que realmente estaba cambiando la ciudad”

Para mi en un inicio la bicicleta fue una especie de liberación. Yo no andaba en bici hasta que en la universidad me fui a realizar un semestre de intercambio en Italia. Llegué a una ciudad muy turística en donde la oferta de servicios (tanto de ocio como de transporte) me resultaban sumamente cara. Un amigo mexicano que también vivía ahí me vendió una bicicleta y a partir de ahí mi vida cambio literalmente. Ya no me tenía que preocupar en mis trayectos a la universidad (en los primeros días decidí no pagar el transporte por lo que cada viaje era una preocupación constante por no encontrar controladores en el autobús), podía conocer lugares alejados del ajetreo turístico y tuve un medio para recorrer la ciudad y conocerla a fondo. Recuerdo que una vez llegué a la oficina de Turismo de la ciudad a pedir un mapa para conocer las rutas cercanas para recorrer en bicicleta. Saliendo de ahí decidí ir hacia el norte y ver cómo era perder el espacio urbano para adentrarme en los campos de la Toscana. Una vez saliendo de la ciudad de Florencia no pude parar. No llevaba conmigo ni dinero, ni identificaciones, ni agua… y simplemente empecé a pedalear hasta que llegue a un pequeño pueblo vinicultor después de recorrer casi 50 kilómetros. Tuve que hacer un esfuerzo sumamente grande para poder regresar a Florencia con el estómago vació y sin agua, pero una vez de regreso me dí cuenta del potencial tan grande que tiene la bicicleta.

Cuando regresé a la Ciudad de México fue cuando mi experiencia como ciclista urbano cambió. Ya no se trataba de una forma para poder conocer la ciudad sino una batalla de todos los días en un ambiente sumamente hostil con los ciclistas. Ahí fue donde me convertí en “activista” pues me dí cuenta que a pesar de ser pocos en una ciudad de millones, al final los que estábamos dispuestos a modificar la forma en la cual nos desplazamos eramos muchos. Conocí a los Bicitekas, que ya llevaban varios años organizando rodadas nocturnas por la ciudad, y fue cuando decidí ponerme formalmente la camiseta de “ciclista urbano”. El intercambio de experiencias con gente de Bicitekas, la diversidad de la gente que asistía a sus rodadas y el ambiente que se creaba en esas noches de luces y pedales me cautivó. Sabía que formábamos parte de un movimiento que realmente estaba cambiando la ciudad y la percepción que se tiene de la bicicleta En fin, con Bicitekas conocí lugares de la Ciudad los cuáles no sabía que existían, tanto por su lejanía como por su dificultad para acceder.

Creo que la bicicleta vuelve a las ciudades más humanas. Prácticamente podría resumir lo anterior con una sonrisa. Me explico. Cuando empece a andar en bici en la Ciudad me dí cuenta que muchos ciclistas te sonríen cuando te los encuentras en la dirección opuesta (y más los que usan casco). Es como una especie de reconocimiento por hacer algo para mejorar las cosas (creo yo). Para mi no es tanto una forma de reducir emisiones de contaminantes sino un forma de reconocernos como parte de una colectividad en un ambiente sumamente atrapado por el individualismo y el consumo. Siento que como ciclistas estamos reconstruyendo un vinculo que nos había alejado del espacio público y que al hacerlo estamos ejercitando nuestros cuerpos y nuestro espíritu.

Pero reconstruir los vínculos no es una cosa fácil. Al final, en nuestra ciudad es una batalla por el espacio público. Durante muchos años hemos hecho todo lo posible para que circular en auto sea más fácil, lo cual también se convierte en una aspiración. Y creo que esa es una de las principales barreras a las que me he enfrentado como ciclista en la Ciudad. Mucha gente se queja del tráfico, pero no se puede imaginar estando fuera de una auto. Muchos sólo han vivido la ciudad a través del cristal de los coches y no puedan pasar esa barrera por que piensan que lo que está afuera es ajeno y peligroso.

El problema con los tomadores de decisión en la Ciudad de México es que se le ha apostado a muchas cosas. Por un lado hemos visto inversiones muy importantes en infraestructura cicilsta en el centro de la ciudad (ciclovías y sistemas de bicicletas compartidas), pero por otro lado a las afueras hemos construido cientos de kilómetros de vías elevadas exclusivas para los automóviles. Con incentivos tan distintos es muy dificil que la gente realmente se baje del auto o vea en la bicicleta una alternativa real de transporte. Pero aún así, y pienso que por un esfuerzo conjunto entre el gobierno y los ciudadanos, la cosas están cambiando en el DF. Cada vez se ve más gente pedaleando a la ciudad y espero que esto sea el inicio de un cambio muy profundo en nuestra relación con el espacio urbano.

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RaulRaúl Gerardo
44 años
Ingeniero Industrial
Monterrey

“Tenía algo de sobrepeso”

Hace un poco mas de 5 años, Ruly estaba por llegar a las 4 décadas, tenía algo de sobrepeso, niveles de colesterol en los límites permisibles, principios de reflujo gástrico, además de sintomatología y afecciones propias de la artritis y sobre todo un par de hijos que apenas iniciaban su etapa escolar, así que pensó que era tiempo de hacer algo de ejercicio, y como en el pasado había practicado y disfrutado las bondades del ciclismo de montaña, decidió comenzar a trotar para eventualmente mejorar un poco su pésima condición y poder pedalear agusto por los senderos agrestes que demandan cierta capacidad física.

Algunos meses después de haberse propuesto cambiar de hábitos, ya estaba haciendo su primer recorrido en bici, lo sufrió pero lo disfruto más, así fue el re inicio, pero como todo, una cosa lo llevó a otra, y continuó con el trote y mejoró poco a poco en la bici.

Antes de imaginarlo y a unos cuantos días de convertirse en cuarentón, decidió correr su primer carrera, fue un 5K exactamente en el día del Padre, su tiempo fue de 37:40 minutos, nada que presumir pero le gustó tanto que decidió continuar participando en otras carreras pedestres y muy pronto estuvo corriendo su primer 10K y en paralelo, decidió participar en su primer carrera de Bici de Montaña en la modalidad de Maratón y sin esperarlo, se subió al podio a recibir una medalla de 4º lugar.

El tiempo transcurrió, y a invitación expresa de su parte a practicar la bici, sus vecinos se fueron incorporando uno a uno hasta que poco a poco fueron superando al maestro, se autonombraron BelliniTeam; las carreras pedestres cada vez eran más frecuentes para Ruly y la idea de correr un maratón era cada vez más cercana pero no dejaba de pensar que a su edad sería una locura.

Al siguiente año, participó en varias carreras de 5 y 10K y en algunas otras de bici de montaña, así poco a poco fue mejorando su rendimiento físico y bajando de peso. Aprendió a disfrutar de éstos eventos, hasta que un buen día pensó en incursionar en el mundo del triatlón, así que comenzó a nadar, pronto cumpliría 42 años y para celebrarlo y agradecerlo, decidió correr un kilómetro por cada año cumplido, dicho lo anterior, planteó los objetivos, pero dijo una cosa a la vez, el maratón elegido sería el 12 de diciembre del 2010 en Monterrey y el triatlón sería en marzo del 2011 en el parque Fundidora, así que comenzó a nadar pero también a los pocos meses ya estaba entrenando para correr su primer Maratón.

Finalmente, el 12 de diciembre del 2010 y con un tiempo de 4:25 hrs. cruzó la meta del Maratón de Monterrey tomado de las manos de sus hijos, eso sí, con los brazos arriba, y para Marzo del siguiente año estaba finalizando el recorrido de su primer Triatlón, la felicidad lo embargó en ambos eventos y su vida cambió radicalmente.

Al día de hoy, Ruly goza de muy buena salud, ha bajado más de 20 kilos sin hacer dieta, solo nada, pedalea y corre; ha participado satisfactoriamente en 7 Triatlones, algunos duatlones, muchísimas carreras de 5, 10 y 15K, ha corrido 7 medios maratones y ya corrió su tercer maratón, sigue disfrutando de la bici de montaña y su amada esposa ya corrió varios 10K con él.

Y como todo esto lo disfruta muchísimo, a Ruly le gusta escribir para compartirlo con su familia y amigos. Ese es RulyRunner!!


Oscar_YamaOscar Yamakawa
36 años
Administrador
Distrito Federal

 “Ahora soy uno de los jodidos más felices transportándome por la ciudad”

¡¡JODIDO!!” alcancé a escuchar al pasar por la derecha de un coche que se encontraba detenido. Me sorprendió ese comentario. Dentro de mí pensaba que lo jodido se debía a que iba en bicicleta al trabajo. Continué rebasando coches hasta llegar a la altura del semáforo que nos marcaba el alto. Dejé al automovilista atrás, atorado en el tráfico, estresado y enojado. ¿Qué necesidad que la gente desperdicie tanto tiempo transportándose al trabajo? ¿Qué triste que las personas estén tan estresadas a tan tempranas horas? ¿Por qué no tenemos mejores alternativas de transporte? ¿Por qué sabiendo que el coche ya no es la solución, sigue siendo aspiracional?, muchas preguntas me invadieron la cabeza en unos segundos. El semáforo se puso en verde y continué mi trayecto. Iba rodando y agachaba la cabeza por momentos, me veía y pensaba: No traigo un lujoso, llamativo o poderoso transporte, y a pesar de eso, rebasaba a todos por igual. Iba tranquilo, avanzando, con el fresco aire de la mañana y sintiendo los primeros rayos del sol. Sin molestar a nadie. No pude evitar esbozar una pequeña sonrisa de Mona Lisa. (Algunos automovilistas me miraban con su cara de “¿y este qué?”..jaja)

INFIERNO. En esta enorme ciudad en donde convivimos tantas millones de personas, se ha vuelto un infierno, un caos, un suplicio el poder transportarse debido a las pocas opciones y/o soluciones que el gobierno ha podido brindar. El auto (uno de los principales actores) ha sido idealizado de tal forma que “todos” lo traen en la cabeza (¡lo que hace la publicidad!). Aún cuando sabemos la penitencia que pasan los automovilistas, hoy en día, eso no importa. El coche sigue siendo aspiracional. (¡Qué chafa! #cardreamisover)

EL ACABOSE. Empecé gracias al terco de un amigo (Rodolfo, la porra te agradece y te saluda) y a las incomodidades que cada vez me provocaba el transporte público. Eso de andar colgado de un tubo, de que ande aplastado en una lata de sardina, de que los olores y humores se mezclaran,  de sentirme como ganado y de lo horrible que manejan los camiones, del tiempo que se pasaba y del estrés que incrementaba al ver que no llegaba al trabajo… ahhh….muchos feos sentimientos y corajes!

LOCURA. “¿En bici? ¿En esta ciudad? ¿Con estos locos al volante? ¡Estás loco!”, es lo que usualmente escuchamos. La mayoría, después de escuchar mi versión exclaman: “¡qué padre!”, ¡me gustaría hacerlo!”, pero no se animan, no lo dicen convencidos, otros porque las distancias de transporte no son los más adecuados y principalmente, los que tenemos miedo de circular con los coches. Algo que he aprendido es que si conoces el Reglamento de Tránsito Metropolitano (RTM), los derechos que tienes, tener el valor de salir, usar y apoderarte del espacio que también te pertenece, circular cada vez más, logra que te sientas seguro y confiado. Todo esto, tú mismo lo transmites a los automovilistas y aunque no lo creas, te respetan más. Está demostrado que cuando más ciclistas haya en una ciudad, más segura se vuelve.

QUEJASAhora, todos mis amigos y conocidos automovilistas aprovechan y se quejan conmigo (como si yo fuera el representante de “todos” los ciclistas): “No ma..we.. se pasan la luz roja”, “No respetan nada”, “creen que son de hule”, “se suben a la banqueta”, “van en sentido contrario”, “salen sin luces en la noche”, “parecen fantasmas”, “casi atropello a uno”, etc. Hasta cierto punto, tienen razón. Ellos también tienen lo suyo, pero hablando de los que andamos en bici, en cierta medida si molesta que no todos tratemos de cumplir con las reglas del juego. A mí no me gusta verlos en la banqueta sorteando peatones, no  me gusta verlos circulando en sentido contrario, se pasen los altos, etc. Así es que sólo pediría a mis colegas que respetemos el RTM y en la medida que podamos, eduquemos a los demás. Lo mismo que exigimos a los coches, debemos exigirnos también a nosotros.” El miedo del ciclista con el coche, es el mismo que siente el peatón con el ciclista”. Nosotros somos ejemplo. Nosotros somos comunidad, nosotros somos tráfico.

LO MEJOR. Existen muchas cosas positivas, pero sólo las encontraras hasta que las vivas: vive nuevas experiencias, encuentra nuevos amigos, conoce nuevos lugares, rueda con grupos ciclistas, saluda a tus colegas en la calle, mejora tu salud, estás de buen humor, ayudas al medio ambiente, eres parte de la solución al transporte, y muchas cosas más. El único “pero” que le pondría es que ahora me doy cuenta que volteo más para ver a las personas que traen bicicleta, que para ver a las niñas guapas pasar, y no sé si preocuparme un poco….jaja.
Hoy en día, el ser “jodido”-como me lo decía el conductor- ha valido la pena. Creo que ahora soy uno de los jodidos más felices transportándome por la ciudad.
¡Saludos a todos los jodidos que como yo, circulan por la ciudad!

Moises_RodriguezMoisés Rodríguez
28 años
Estudiante
Guadalajara

“Fue y es hasta ahora un amor sincero”

A Frida la dejé de usar hace año y medio. Cuando la conocí, vestía de rojo. Estaba un poco desalineada. Fue amor a primera vista. Cuando me di cuenta de que no tenía compromiso alguno, me decidí por hacerme de ella. Todo el universo conspiró para que nuestra relación sucediera. Para que todo floreciera. Al tiempo de andar por las calles, le ofrecí cambiar de vestiduras; verde grisáceo oscuro. Le compré accesorios que le adornaran su hermosa figura. Fue y es, hasta ahora, un amor sincero, corrosivo, arrabalero, fiel, el más puro.

Pero como toda relación, y la nuestra no es la excepción, surgieron los problemas. Ya saben, desatenciones, falta de comunicación, desinterés. Literalmente me sentía como en un pasaje de la relación entre Diego Rivera y Frida Kahlo. Un amor fiel a consta de las infidelidades. Accidentado e involuntario a consta de toda sinceridad. Una tarde de verano, salimos a pasear. El viento nos acariciaba la cara e inspiraba a  no dejar de andar por la senda solar. Nunca he pisado la luna. La conozco por documentales y, puedo decir que las calles por las que andábamos eran muy parecidas a los cráteres del maravilloso satélite natural. Cómo sufrimos el andar por esos caminos. Nos reconfortaban las aéreas verdes con banquetas movedizas. Al menos en esa superficie no sufría el calzado de Frida. Ella tan ligera. fridaCon una vestidura envidiable. Y las calles tan deplorables. Era como vestirnos de gala para una fiesta en un salón campestre. Aun así, no dejábamos que nada nos perturbara la paz y armonía que nos brindaba la tarde, a nosotros, los enamorados. Frida me enseño lo que para ella es el amor, y yo, hasta ahora, puedo decir que lo comparto. Me enseñó que amor, es compartir. Y compartir sin condiciones, sin prohibiciones, sin ataduras, sin candados, sin claves ni contraseñas. Me enseño a amarla y a compartirla. Y así fue: la compartí con amigos y compañeros. No más de uno a la vez.  Hombres y mujeres por igual. Descubrí que disfrutaba verla andar con otros y otras. En verdad experimentaba un sentimiento de placer. Una nueva forma de ver y sentir el amor, favorecida por Frida. Plenitud en su más fiel expresión. Fueron de esos momentos que uno guarda en el baúl de los recuerdos. Sensaciones que son para vivirse. Pasajes de la vida que formaron y moldearon mi relación con Frida.

100_3851En mi caminar, me topé con una nueva compañera, me la presentaron, para prestármela y termino por ser mía. Mónica, es su nombre. Así es como la llamé. Tenía la intención de volver a andar por las calles acompañado. Pero ella, -Mónica- llegó sin esperarla, se presentó así, sin más. Encantado, le di a bienvenida. De un cuerpo robusto y ruda como sus suelas, parecía estar preparada para empezar una nueva aventura. Nacía entonces una nueva relación. Una nueva ruta comenzaba a formarse. Emprendí un nuevo recorrido por nuevos senderos, nuevos caminos. Tomé la ruta que me llevaría a recolectar experiencias para un nuevo baúl. Nunca comparé la relación de Mónica con la de Frida. No me gusta comparar. Todavía vivo con Frida. Simplemente vivo el aquí y ahora. Dejo cada momento y cada situación en su lugar. Amor es compartir, me enseñó Frida. Y aunque ya no salimos a pasear, compartimos un mismo lugar.

Elias_HernandezElias Hernández Tapia
34 años
Antropólogo
Distrito Federal

“Andar en bici significa moverte con tu propia energía”

Tengo cuatro días con mi bicicleta. Con ella me he convertido en una extraña simbiosis de peatón, motociclista y automovilista, pues me muevo en dos ruedas con la libertad de escoger caminos y tomar velocidades que me permiten disminuir los trayectos. Cuando puedo subo y bajo las banquetas, me meto a los estacionamientos y no pago ni un peso, ni siquiera me tengo que esperar a que avancen los coches. Cuando quiero me bajo de ella para caminar, especialmente por las calles empinadas que aún no logro dominar.

En ella no llevo prisa porque sabemos, ella y yo, que sea la hora que sea, llegaremos a tiempo, incluso antes que aquellos(as) que viajan en transporte público, como mi novia que no aguantó más y se compró la suya. El viernes que compré mi bici, ella se regresó en metrobus y luego tomó un camión que la deja cerca de la casa. Llegó veinte minutos después de mí; yo ya estaba recostado en el sillón viendo la televisión. No me creía que había llegado con tanto tiempo de diferencia. El sudor que había desaparecido, mi respiración regulada y mi postura en el sillón, fueron muestras y motivos suficientes que la convencieron para tener su propia bici. Al otro día, el sábado por la mañana, fuimos a comprar la suya.

Andar en bici significa moverte con tu propia energía, depender de ti para moverte de un punto a otro (el tránsito te resulta indiferente), sentir el viento en tu rostro (aunque se te metan basuritas en los ojos), evitar pagos propios de un automotor (gasolina, placas, tenencia, etc., etc., etc.).

Moverte en bicicleta te vuelve un ciudadano ‘Pro’ en una ciudad tan necesitada de personas que contribuyan a una mejor convivencia, empezando por la libre circulación. No sólo el ‘biciclista’ se sabe Pro, también lo saben algunos automovilistas que te ceden el paso o, al menos, lo consideran aquellos que no te avientan el carro para demostrar su poderío vial. A diferencia de un motociclista, por ejemplo, el ‘biciclista’ no vive en una carrera contra el tiempo ni contra otros automovilistas. No tiene necesidad de competir con ellos. El motociclista es gandalla por autonomasia, al menos así lo percibe una parte considerable de automovilistas, por lo que en la menor oportunidad que tienen, le avientan el carro o le recuerdan a su mamá con el claxon; fama que ha tenido que cargar el resto de motociclistas (entre los que me incluyo) gracias a los bien -o mal- conocidos pizzeros o repartidores que hacen de la circulación un verdadero estado de alerta al poner en riesgo su vida y la de otros conductores. Andar en bici te pone en un ámbito donde la libertad, la diversión y la seguridad conviven segundo a segundo.

Tienes la libertad de circular sabiendo que la seguridad depende más de ti que de otros. A pesar de que te puedes accidentar, los riesgos los puedes evitar con una correcta circulación que respeta y considera tanto al peatón como al automovilista, incluido el motociclista. Fuera de eso, la diversión está asegurada, ya sea sólo o acompañado. Saltar desde una banqueta, zigzagear en la calle (donde no hay autos), acelerar para tensar los músculos, pedalear parado, subir o bajar caminos y pendientes retadoras, avanzar en el tránsito mientras miras la cara de hartazgo de los automivilistas, burlarte de ellos (discretamente) mientras cargan gasolina -que cada vez les cuesta más cara-, aceptar el reto del perro callejero que se dispuso a perseguirte, esquivar el balón que apareció de la nada… y un largo etcétera que se extiende hasta que tú y tu bici quieran.

En estos días me he encariñado tanto con mi bici que no he tenido reparos en permitirle dormir en la recámara. Después de la sutil notificación de la administradora del edificio de que no podemos tener bicicletas en el patio, no he tenido empacho para darle cobijo dentro del departamento; y cómo no habría de ser así, si es la compañera que me llevará y me traerá de un lugar a otro. No importa si regreso empapado, empolvado o sudado. El viaje bien lo valdrá.

Erick_MonterrosasErick Monterrosas
28 años
Defensor de derechos humanos
Distrito Federal

“Esta noche la ciudad es nuestra”

Miércoles 9:30 pm. Ángel de la Independencia. Manos conocidas se estrechan, mar de lucecitas intermitentes, los ajustes de último minuto, desarmadores, cinta. Nuestras aceitadas estrellas reposan postradas ante el Ángel. Los nuevos observamos inquietos, una especie de logia en crecimiento acecha. La voz grave reclama “¿Quién viene por primera vez?”. Las indicaciones son parcas y a la vez contundentes. Empieza la pugna por la ruta. Una democracia a obscuras, como otras, donde los gritos cuentan más que los votos. “Sur”, las manos se levantan. “Oriente”, parece que esta no será tu noche, “Norte” claman los puños, algunos perfectamente cubiertos por guantes.

El recorrido comienza puntual, nadie sabe con exactitud a dónde vamos. A donde sea, manubrios, pedales. Un auto con torreta y bocina pretende escoltarnos, pero el guía lo pierde hábilmente a pocas cuadras, deja que se adelante, vuelta intempestiva en una cuadra escondida, nos vemos. En realidad quien ande sobre más de dos ruedas será inexorablemente descartado. El paso es constante, la palabra de boca en boca, como los engranes de las cadenas, el torque de las revoluciones. “zanja-zanja-zanja-zanja-tope-tope-tope-tope”. Pasa fugaz la indicación, más de una ponchada es evitada. La gente mira de frente, la confianza de poseer la ciudad indomable, los pasadizos inextricables. El Centro profundo hace aparición, un escuincle grita “chingue su madre quien ande en bici”, una sola mentada para docenas de culeros. A estas alturas de la noche. ¿Quién osa penetrar mi barrio bravo?

Regresamos a los amplios ejes, salvo por una vena secundaria, prácticamente los cerramos. Proclamamos con furia y denuedo, esta noche la ciudad es nuestra. Esta es la venganza. Un automovilista, una bestia nos revienta, o al menos lo intenta. Avanza el carro, unos centímetros que son ultraje cuando son dirigidos hacia uno de nosotros. Creen que el poder y la armadura los han hecho invencibles. Aflora el rencor sublimado contra cada puerta, cada claxon y embestida de los toros de cuatro ruedas. La jauría de bípedos rodea la lámina que alguna vez fue inexpugnable. Algunos no ocultamos nuestras cicatrices. Insultos, sangre caliente, un minuto que se prolonga tenso, los excluidos de día proclaman su nocturna potestad absoluta de las calles. Un tipo mínimo sujeta frustrado su volante, tiene mil revoluciones por minuto, mas es lata inerte. El negligente queda rezagado, presiento que aún no comprende lo que está pasando, se queda inmóvil mientras lo rebasamos raudos.

Nos adentramos por las colonias de oídas, aquellas que nunca antes pisamos. Observamos con el fervor del que descubre, las fábricas, talleres, iglesias, las canchas y tiendas, las cosas más comunes y nimias con ojos imaginativos. A la luz mortecina que las ilumina, parecen espacios novedosos. Lo son, como sólo lo pueden ser los lugares que cargan su propia historia y la develan súbitamente ante el forastero. Los oriundos miran con desconfianza pero sin miedo. En mi ciudad aprendimos a crecer en guetos, no por propia voluntad o fatua reticencia. Este hermoso monstruo es un continuum de abismos; de distancia física y de realidades.

Hace eco la advertencia, alguna señal de que nos adentramos en territorio extraño, los barrios celosos tienen sus propias trampas. Vidrios, clavos, baches, sólo algunas formas de hostilidad mal disimulada. La hermandad hace acto de presencia, si se rezaga uno, paran todos, nadie se retira hasta que puedan zurcir esta cámara. De inmediato sale la parafernalia de reparación, y cómo no, la carrilla que ataca la destreza. Labios sensibles para detectar un leve soplo de aire, lima, saliva y parche. Esperemos que esto baste. Reanudamos la marcha, se vislumbra la Basílica, sus fantasmas peregrinos. Es un poco tarde, la tripa y el estrago exigen una recompensa. Las taquerías, amantes del monstruo, desperdigadas e infinitas en su inconmensurable territorio. Reímos, comemos, discutimos, observamos con envidia los cuadros de fibra de carbono y admiramos. Tomamos a bocajarro, el regreso nos espera.

Entrada la madrugada, los dedos gélidos y el pedal a fondo. Las bicicletas destellan, exhaustas y felices se van desviando por sus senderos, aquellos que llevan a casa. Gritos de despedida, nadie se da la mano.


Enrique Vega
45 años
Editor
Distrito Federal

“El regreso a las dos ruedas fue motivado por compartir con mi hijo unos momentos de alegría”

El regreso a las dos ruedas fue fortuito. Motivado por lo más importante que existe en la vida… compartir con mi hijo unos momentos de alegría. ¿Por qué una moto? Mejor una bici y podríamos rodar juntos. Así ocurrió y de pronto volver a pedalear por las calles, como creo que muy pocas veces lo hice, se convirtió en costumbre y pasión, que afortunadamente he encontrado con más locos para compartir. Y el primer loco es Lencho, un oaxaqueño que desde hace dos décadas decidió  convertirse en el maestro bicicletero en un pueblo de Xochimilco. Receloso en un principio aceptó aunque no de muy buena gana revisar mi nueva bici, de marca famosa, pero la verdad es que cuando la compras en una tienda de lujo no esperas que venga en tan malas condiciones.

Qué lástima que las marcas no se preocupen por entregar productos listos para salir a las calles. Porque apenas me la entregaron me salí  a probarla, pero la verdad es que necesitaba ajustes desde el sillín hasta el último tornillo. Por cierto… ese sillín se rompió al pasar el primer bache. Así que Lencho, receloso y viéndome de no muy buena gana,  poco a poco fue dejando mi bici a punto… en realidad creo que nunca terminaré de ponerle y quitarle cosas. Pero ya está muy decente y lista para rodadas largas, aunque es bastante  pesada, pero eso sí, con un vistoso diseño retro.

Vueltas y más vueltas al taller y poco a poco el “Maestro” empezó a ser más amable. Se fue soltando en su plática, y empezó a contarme la historia de esa montaña de fierros viejos que un día fueron bicicletas que decenas de clientes fueron dejándole para reparar y que nunca regresaron y se fueron apilando, hasta casi llegar al techo de su viejo local. Me llama la atención que en la entrada del local aparece un letrero:  “No se responde por ningún trabajo después de 30 días” y sin embargo Lencho habla tranquilamente de un cuadro que un cliente le dejó hace 25 años para que lo pintara, pero no ha regresado a llevarle dinero. Para él cada cuadro tiene hombre… o al menos rostro. Recuerda a casi todos sus clientes y conoce a los que le encargaron un arreglo y un día regresarán, quizá en otros 10 años. Pero por alguna extraña razón que sólo él sabe, también sabe quiénes no regresarán y quienes nunca regresaron, provocando que los fierros se fueran apilando.

Hoy hemos rescatado cuatro bicicletas, la primera de ellas se llamo “Baikita 1” y se convirtió en una historia feliz. Pero nadie habría dado nada por ella. Era un cuadro viejo y abandonado. Sólo un cuadro sin color.

Después de resucitarlo. De pintarlo de un verde brillante ya lucía diferente. La verdad jamás pensé que se vería cómo quedó al final. De hecho Lencho tampoco lo pensó, pese a que él conocía todos los elementos que le iría poniendo.

Después de casi un mes de espera y trabajo finalmente quedó lista y lo primero que dijo el reconstructor fue un reclamo, porque al final ponerle todos los elementos nuevos elevó el costo casi en un 50%. Lo negociamos y se alcanzó un acuerdo, pero me advirtió que las siguientes ya no serían del mismo precio.

Al final “Baikita 1” salió a la calle. La verdad yo tenía dudas, pero todas se han disipado. No le falla ni le duele nada, aunque sí fue necesario ajustar algunos puntos, pero fueron mínimos. Además de que se le agregaron canastilla, faros, timbre y sobre todo, ganas de sacarla a pasear.

“Baikita 1” fue  el inicio y ahora Lencho sonríe cada vez que regreso, porque seguimos rascando pero ya no sólo en su montaña de fierros, sino en tantos otros rincones de la ciudad buscando alguna historia de dos ruedas que pide una oportunidad de ser restaurada.

Cecile_MedinaCécile Medina
33 años
Maestra
Distrito Federal

“Mi premio tenía dos ruedas y era de montaña”

Recuerdo que tenía en ese entonces 7 años. Todos los del salón de 2ndo año de primaria, habíamos participado a un concurso de dibujo organizado por un cine del distrito. Una tarde, sin más ceremonia, la maestra nos dijo de plano que el ganador del primer premio era alguien del salón. Entre algo como 500 alumnos, de 15 escuelas del distrito – o al menos eran muchos alumnos, según yo – alguien de NUESTRO salón había ganado. Estábamos muy orgullosos y a la vez muy sorprendidos.

El tema del concurso era “dibujar un comic en base a una película que nos gusta mucho, que existiera o no, que la hubiéramos  visto o no, pero que nos llamara mucho la atención”. La película que quería ver yo – y nunca había ido al cine de toda mi vida – era la película “La Bamba”, que contaba la historia de RichieValens, músico mexicano quien murió en un accidente de avión, una historia muy dramática y a la vez tan romántica para una niña francesa de mi edad. Me gustaba mucho la canción muy conocida que dio nombre a la película. [Una canción de idioma español, era algo importante porque, tenemos raíces españolas en la familia, por mi abuelo fallecido, republicano refugiado en Francia en el 1938 – bueno, nos les voy a contar toda la historia pero para mí, en ese entonces, era importante tener un mínimo de vínculo con algo de cultura española, o hispano-americana, lo que sea que suene español, no me fijaba tanto en el concepto de nacionalidad a esa edad.]

Siempre me había gustado dibujar desde el kínder, y a los 7 años gané el primer premio del concurso de dibujo entre escuelas. Fui al cine organizador para recoger mi premio con mi papá. El cine nos ofreció ver una película, y después de verla, fuimos a recibir los premios y hacer la foto de grupo de los ganadores – que salió al día siguiente en el periódico local. Mi primer momento de gloria.

Mi premio tenía dos ruedas, y era de montaña. Era blanca y azul, y vivimos nuestras primeras caídas juntas, en el jardín de la casa mis papás. Toda la familia ya tenía su bicicleta, por lo que pude juntarme a las salidas en bicicleta de fin de semana que organizaban mis papás. Vivíamos en el campo y era fácil. De ahí, mas grande, regale esta bici a un vecino, mi hermana mayor me regaló la suya, y seguí mi vida andando en bicicleta.

20 años después, llegué a México para hacer una práctica profesional en el campo de la movilidad sustentable, para implementar proyectos que incentivan al uso de la bicicleta. Otros momentos de gloria. Tuve la oportunidad de trabajar con gente muy dedicada, muy activa, gente que usa la bicicleta como modo de transporte en esta “megaciudadultrapeligrosa para los ciclistas y peatones”, gente con casco, gente sin casco, gente joven, gente mayor, güeros y morenos, gordos y flacos, con miedo, sin miedo, con niños, sin niños. Vi a todo tipo de gente andar en bici, de todas clases sociales, y siempre los que más me fascinaron fueron los obreros y repartidores, tan rápidos, tan ligeros, y con tanto sentido de lo contrario…

Sí, mi primera bicicleta, la gané gracias a un comic que dibujé acerca de una película mexicana que nunca vi y quería ver, que imaginé por completo a partir de un tráiler visto una vez en televisión. Me dediqué luego en participar al dibujo de un sueño, el sueño de una ciudad mexicana ciclista y peatonal. Los hechos no tienen nada que ver porque nunca fueron vinculados a propósito…pero se me hace bonito pensar que todos los sueños tienen algo que ver entre ellos mismos.

Pero nadie, nadie, entre todos estos ciclistas que he conocido y a quien he contado mi historia, ha escuchado hablar de la película La Bamba. No encontré a todos los ciclistas del DF, pues son miles y todavía no se han juntado todos al mismo tiempo en el mismo lugar para que pueda preguntarles a todos de una vez. Aprovecho la oportunidad de escribir aquí para preguntar a mis lectores “quien, quien ha escuchado de la película La Bamba sobre RichieValens?”  En realidad es que, nunca vi la película y desde chiquita me quedé con las ganas. Espero que alguien la tenga en sus manos y me la preste, un día de estos.

Claudia_MonteroClaudia Montero
41 años
Producción cinematográfica
Distrito Federal

“La bici me da mucha libertad de movimiento”

Recuerdo perfecto cuando aprendí a andar en bici, estábamos fuera de casa, hace bastantes años, en Santa Mónica, Tlalnepantla, Estado de México, cuando era realmente “provincia” (jaja), recuerdo que mi papá era el que me estaba enseñando, me tenía sujeta y él me empujaba… de repente sentí como empecé a avanzar por mis propias posibilidades, volteé y él ya había quedado atrás, WOW libertad total! Esa fue la sensación… sentí que volaba. Era una sensación de independencia, diversión, libertad…

Sensaciones que aún sigo sintiendo ahora a mis 41 años cuando me muevo por elección la mayor de las veces en bicicleta. También tengo coche, que compré hace muchos años y que era una gran ventaja viviendo en satélite con mis papás y trabajando en Churubusco.  Aún ahora me sigue pareciendo la mejor opción para trepar a mi perra e ir a ver a mis papás a ese lejano territorio, pero fuera de eso la bici cada vez representa la mejor opción. No contamino, no pago refrendos, ocupo solo mi cuerpo en el espacio público y no los 6mts2 que ocupo cuando voy en el coche, no me preocupo por pagar altísimos estacionamientos, ni por pelearme con “viene-vienes”

Muchas veces veo como me miran con un poco (o mucho) de envidia, cuando en un congestionamiento vial yo paso libremente y aventajo a todos. Tengo una bici plegable, que lo crean o no, me la regalaron dos maravillosos amigos (que asumo que me quieren mucho) hace unos años.. lo cual me facilita poder subirla y bajarla 4 pisos diariamente  (así es. vivo en un cuarto piso, 64 escalones) , meterla a mi oficina, a alguna cajuela de un taxi si se me hizo demasiado de noche o si me conviene así en ese momento.

Me da mucha más libertad de movimiento (ups creo que ese es slogan de una toalla femenina, jipi, ups) pero es cierto.. el otro día iba por Río Churubusco y me topé con un tráfico vehicular impresionante donde no se podía avanzar y estaban todos al límite del caos. Me bajé de mi bici, la caminé un rato en la banqueta para cruzarme a otra calle y listo.. igual la puedo subir al puente peatonal y ahorrarme la inmensa vuelta que daría si vengo en coche.

Además me siento sexy en mi bici, porque es una imagen muy de película de las que me gustan.  Mucha gente tiene miedo de andar en bici, me lo han expresado, hay situaciones donde a mí también me entra el ñañaras, como una vez que pasó pitando su ruidoso silbato un tráiler de varios metros de largo.. seguro uno de esos sí me hace pomada… pero como en todo hay que tener cuidado cumplir las normas, practicar paciencia y tolerancia. Porque también me ha tocado el ciclista invadiendo el paso peatonal o yendo en sentido contrario o peleándose con conductores o peatones. Creo que la civilidad debe aplicar a todos, nos movamos como nos movamos.

Otra cosa que me encanta de andar en bici es que tengo mucha más variedad de rutas que cuando voy en auto. Yo me considero multimodal, porque combino todos los medios de transporte. Hoy por ejemplo de mi casa (la viga y churubusco) me vine en bici a mi oficina (eje 5 sur, Nativitas), al rato me iré a una reunión de trabajo en metro, de ahí a otra reunión en metrobus y luego pediré un ride a recoger a mi bici y a mi perra para regresar a casa.

Ah, que no les había dicho, tengo una perrita, Manchas, quien me acompaña de mi casa a mi trabajo y quien viene a mi lado en la bici (por su seguridad y la mía, la llevo con correa), así que además aprovecho para que haga ejercicio… Yo la verdad no hago tanto porque voy a su ritmo y porque esta ciudad o los tramos en los que me muevo son bastantes sencillos, planos, sin mucho esfuerzo.

Antes como que no me latía usar falda y bici, prejuicios personales medio ridículos, hasta que un día fui a visitar a una amiga a Copenhague, donde más del 70% de sus habitantes se mueve en bici..y vi que sin pena ni nada las danesas no solo usaban falda sino minifaldas que parecían más bien cinturones anchos, jiji.. y tacones de estos de alfiler, desde ahí, cual pena.. no soy mucho de usar faldas pero cuando las uso, igual me trepo en mi bici. En definitiva mi bici y mi perra son mis dos mejores amigas no humanas… ¿Hace cuanto que no te subes a una bici? Trépate hoy y volverás a recordar tu primera vez.

Valeri_SanchezValeri F. Sánchez
28 años
Antropóloga Social
Distrito Federal

 La bicicleta es una herramienta de vida”

Una mañana me levanté de la cama ansiosa de ver lo que me esperaba bajo el árbol de navidad, la sorpresa es tan grande como mis ojos al mirar aquel aparato que nunca antes había usado pero que sabía me haría feliz, y allí estaba una linda bicicleta, justo de mi tamaño,  negra con toques blancos. El abuelo estaba de visita así que él me animó a salir al patio a usar la bici, con dos llantitas detrás para hacer más seguro mi aprendizaje, fue cuestión de tiempo y lo logré.

Los años pasaron, el abuelo se fue,  deje de lado la bicicleta, y con el tiempo me mude de casa de mis padres, ahora mi trabajo era más cercano a mi casa y la colonia más tranquila y segura, al menos así la sentía, así que lo que necesitaba para completar mis días era una nueva bicicleta. La conseguí,  por casualidad o coincidencia negra con blanco de nuevo y justo de mi tamaño era una rodada 24. Recordar aquellos consejos para usarla no fue difícil, llevarlos a la práctica fue más complicado pero no imposible. Salir por las mañanas a dar vueltas a las cuadras cercanas, respetando semáforos y alejándome de autos, pues el miedo aun estaba presente, cada día tomando distancias más alejadas, evadiendo baches y peatones imprudentes, aun recuerdo mi temblar por el miedo a que algo me pudiera pasar, iba tensa y poco sonriente, muy lento para frenar a tiempo si era necesario y a veces me subía a la banqueta a esperar que el flujo de los coches bajara para continuar. Por seguridad y para evitar ese temor, equipe la bici con luces para la noche, reflejantes y un casco que me brindaba protección al andar.

Mi recorrido de una colonia a otra para llegar al trabajo era cansado, sobre todo para cruzar viaducto, avenida que divide la Col. Del Valle de la Col. Roma pero la persistencia seguía sobre mí, iba reconociendo cada cruce, cada sentido de las calles, cada tope y claro cada bache; así un día durante el camino me di cuenta que mis manos ya no sudaban, que mi velocidad era más rápida que antes y que había una gran sonrisa en mi rostro, ya estaba convencida de que la mejor manera de trasladarme era sobre una bicicleta. Ahora disfruto mucho más el camino, uno que otro incidente con automovilistas poco amables, pero es mejor no hacer caso e inclinarnos a lo correcto para la sana convivencia, también he ahorrado costos en gasolina o pasajes de trasporte público, y es la forma de ejercitarme. He salido a paseos por la ciudad en grupos, y sola lo hago casi a diario. Sin duda, la bicicleta se ha vuelto más que en un accesorio de paseos: en una herramienta de vida.

Filiberto_MartinezFiliberto Martínez
28 años
Fotógrafo
Tlaxcala

“Venía enojado a reclamarte, pero ya se me quitó el enojo”

 Pase señora, no piense que porque estamos acostumbrados a que “el automóvil tiene la preferencia” yo tampoco la dejaré pasar, aparte ¿cómo sabríamos que nos encontraríamos al salir de mi casa?

Bueno, ahora sí ¡ya empecé a pedalear y nadie me parará! Nada más tú, conductor del coche rojo colorado que no avisas que darás vuelta a la izquierda ¡aunque sea saca la mano! Es lo malo de que los automovilistas sólo se fijan en los demás autos, en el semáforo o a veces en los peatones… en fin, es lo que me molesta, aquí en Tlaxcala, todavía no hay un espacio definido para la bicicleta, autos y peatones conviven dejando a la bici como algo meramente circunstancial, sabemos de su existencia, pero la siguen viendo como un juguete, o sólo la utiliza el lechero, el obrero o el vendedor de tacos de canasta.  Para mí es un medio de transporte que solucionaría muchos problemas de movilidad, aparte, Tlaxcala es chico, caminando se llega a todos lados, y en bici más rápido.

Sí, recuerdo que de pequeño, pensaba que la bici sólo era para jugar, dejé de pedalear un tiempo y cuando salí de la prepa, me puse a trabajar en vacaciones y con el dinero que junté me compré una bicicleta, la quería sólo para hacer ejercicio, en ese tiempo rodar cuatro o cinco kilómetros era mucho para mí, y lo hacía cada semana; que gracioso. ¡Chofer! Vienes atrás de mí, me rebasas, la parada está a cincuenta metros adelante, y aunque la chica está de buen ver, es molesto que orilles tu combi ¡y te me cierres! ¡Venimos en subida! Ya perdí  el ritmo… Lo que digo ¿quién está consciente de que la bicicleta también es un medio de transporte? Me hace regresar a lo que venía pensando, cinco kilómetros en bici los hago en veinte minutos más o menos, si me subiera a la combi, seguro hago diez minutos más por el mismo trayecto. De esto me di cuenta al entrar a la universidad, cuando empecé a utilizar la bici como transporte; en la combi, de mi casa a la escuela hacía casi media hora y todavía medio dormido, mientras que pedaleando llegaba en quince minutos y despierto.

He visto que los chavos empiezan a utilizar la bici para moverse de un lugar a otro, eso me da gusto. Un día, platicando con un señor que decía que eso de usar la bici es sólo una moda, que pronto se quitará. Y puede ser que algunos sólo lo hagan por diversión, pero creo que de diez que empiecen a utilizar la bicicleta, todos verán sus beneficios y la mitad lo tomará como un hábito porque haces ejercicio y mejora la salud, aparte uno se olvida de problemas de tránsito, estacionamiento, gasolina, tenencia, taller (mantener una bici es barato),  y si viajas en transporte público te olvidas de ir apretado y peleándote con el chofer, bueno a mí me molestó la acción del chofer hace rato, pero ya se me pasó. Porque eso sí, andar en bici me pone de buenas, no sé por qué, pero me pone de buen humor… ¡Cuidado! Eso de que bajan del auto sin mirar si viene alguien… Como sea; recordé la vez que discutía por teléfono con mi novia y típico, ella del coraje que me cuelga. Y bueno, eso me hizo enojar y pensé –a ver si estando frente a ella también me cuelga ¡me va a escuchar!-. Tomé mi bici y empecé a pedalear, llegué a su casa y mientras salía vi que prácticamente no me tardé; cuando ella abrió la puerta y me vio con cara de “no te quiero ver” me pregunta -¿Qué haces aquí?- y yo –pues venia enojado a reclamarte, pero ya se me quitó el enojo-. Es más, ahora que lo recuerdo me vuelve a hacer sonreír.

Jaja… lo que digo, es tan versátil la bicicleta, como ese señor que lleva a su hijo en un huacal que montó en el portabultos. A la gente que me pregunta que ¿por qué me gusta tanto la bici? Les digo que por la sensación de libertad que me provoca, como ahora mismo, vengo montado camino al trabajo y es como si fuéramos una sola cosa, como una transformación de mis piernas en ruedas que me permite ir más rápido utilizando mi propia fuerza, me da la sensación de conexión con el mundo y creo que se nota, porque me ha pasado que voy junto a los autos y los niños me saludan, con las personas que caminan las alcanzo a ver a los ojos y nos sonreímos, eso me gusta mucho porque también me hace estar en contacto conmigo.

Espero que vaya creciendo el uso común de la bicicleta como medio de transporte, a veces cuando escuchamos la palabra activismo se nos vienen a la mente imágenes de marchas, encadenados, huelgas… pero pienso que con la bici se puede hacer activismo de uso, por nombrarlo de una manera. Y me refiero a que con el ejemplo personal es más fácil convencer a las personas que se unan a una causa, en este caso la bicicleta, que de verdad, no deja de sorprenderme. Por eso quisiera que aquí en Tlaxcala, en donde cada vez hay más autos y menos calles, la gente la utilizará otros medios como caminar o andar en bici; como digo, siempre pone de buenas.

Bueno, ya llegué, sin problemas ni de tránsito y bien despierto. Solo encadeno en esta reja mi bici, veo que hay otra un poquito más allá, cosa que me alegra mucho, y ahora sí, sólo cierro el candado y listo, a trabajar.

Luisa Citlali Garduño
26 años
Social media
Distrito Federal 

“Mi bici dibuja una sonrisa en mi cara todos los días”

“Tan grandota y te da miedo”. Así me decía mi novio que le encanta andar en bici, que además es biciteka y hasta Toluca ha ido rodando, me intentaron enseñar varias veces desde que tenía doce años, obviamente abandoné una o dos bicis en el intento, mi miedo no me dejaba ver que yo la controlaba y siempre irremediablemente terminaba en el piso raspada y lastimando a la misma bici también, una boca rota que de no ser por mis brackets de pubertad me hubiera dejado un saldo de al menos dos dientes y todo por el miedo.

A veces cuando íbamos por la calle pasaban intrépidos niños junto a nosotros y mientras yo miraba nostálgicamente la rapidez con la que iban el me decía ¡mira a él no le da miedo! mejor el que tu, obviamente picando mi orgullo y ni mi orgullo ni yo podíamos con el miedo. Hasta que un muy buen día afortunadamente vi la bicicleta de pista que traía en ese entonces mi novio y le pedí que me la prestara porque no era posible que yo a mis veinticinco años no supiera y además le tuviera miedo a la bici…  Ese día tomé al toro por los cuernos o lo que es lo mismo tomé el manubrio de la bicicleta de mi novio y él mientras me sujetaba por detrás mientras le decía histéricamente “no me sueltes, no me sueltes” y de repente logré controlarla y andar una cuadra completa sin titubear y lo mejor sin miedo.

Semanas después en una tienda departamental vi en descuento una bicicleta rosa pastel bien mona, con el cuadro de mujer porque además debo agregar el cuadro de hombre me da terror por una dolorosa caída con mi bici de pubertad. Tenía canastilla al frente y una rejilla atrás, sus salpicaderas metálicas reflejantes y hasta pedestal. Hice lo que pude pedí prestado a quien se dejo y fui por ella. No estaba segura de llevármela andando así que me fui a pie con ella.

Hoy voy y regreso a mi trabajo que no me queda muy lejos, he de admitir, aunque ya no soy la miedosa, me meto entre el tráfico respetando los sentidos de las calles y procurando no arriesgar mi vida. Incluso ya aprendí como tomar velocidad y soltar una mano del manubrio, incluso me atreví a irme a Chapultepec en ella. Ya no me caigo y me atrevo a ir en las orillas de las avenidas grandes.

No soy una ciclista profesional pero ahora sé, que no podría vivir sin mi bici, sintiendo el sol de la mañana o la tarde sobre mi cabecita, incluso la lluvia… Despejando cualquier preocupación, estrés o manía recurrente…  mi bici dibuja una sonrisa en mi cara todos los días, y los días que no puedo rodar simplemente no me siento completa, y lo mejor mi novio ya no me hace burla de los niños, al contrario me recuerda que debo andar con cuidado.

Luis_RiveraLuis E. Rivera
40 años
Ventas
Mexicali

“Eran tiempos felices de infancia”

Mis  primeras andanzas en bicicleta fueron  en bicis prestadas, hasta que nuestros padres nos compraron una a mi hermano y otra a mí con las cuales aprendimos con sus caídas correspondientes. También sufrí que un carro me aventara a la edad de 9 años, fue algo doloroso pero lo sobreviví. Gracias a esa bicicleta paseábamos en parques a los que nos llevaban en aquellos tiempos y entre  otras cosas el tiempo que viajábamos por el trabajo de mi padre, paseamos en La Paz, Baja California y a la ciudad de México. Bajamos una vez  la montaña donde está el Castillo de Chapultepec. Esa vez todos nos caímos. Éramos varios amigos y sufrimos de raspones. También recorríamos el Monumento a la Revolución…  En aquellos tiempos la emoción era muy grande puesto que también combinábamos la bicicleta con los patines. Eran tiempos felices de infancia…

Como dato curioso  me uní a un sector ciclista aquí en Mexicali, Baja California, para hacer amistad ya que son grupos grandes y bajé en una ocasión la rumorosa por terracería ¡sin frenos! Lo que al principio pensé sería difícil, lo logré…

Saludos a los grupos de bicicletas…mujeres al pedal y sector azul ….

Karla_MoraKarla “Kamelie” Mora Corrales
38 años
Promotora cultural
Mexicali

“La bici es mi estilo de vida”

La bici es mi medio de transporte, mi recreación, mi deporte: mi estilo de vida. Llegó a mi justo en el momento preciso, en el que quería un cambio en mi ritmo, quería algo y no sabía qué. Trabajar para pagar un automóvil no le encontraba sentido alguno. Al inicio me acerqué a ella viéndola como un sustituto del aburrido gimnasio, pronto me di cuenta de sus variados beneficios. Soy asmática y desde que tengo uso de razón cada invierno me enfermó severamente cayendo en cama. Desde los primeros meses veraniegos, les advertí a mis compañeros ciclistas que rodaría con ellos únicamente los meses de clima agradable, ya que cuando llegara el frío me enfermaría y ya no podría acompañarles. Tengo dos años subida a la bici y no ha llegado aún ese momento. Rodaba de día, de noche, y no pasaba nada, mi tos y congestión no llegaban. “No han de tardar, decía”. Terminaba el invierno y fui con mi doctora para pedirle por vez primera alguna explicación de semejante fenómeno: ¡no me enfermaba! Me dijo que mis pulmones se habían fortalecido y que me servía mucho la ventilación que les daba. ¡Tantos doctores, tratamientos, tiempo, dinero y esfuerzo para encontrar la mejor medicina en un vehículo de dos ruedas!

Ahora soy la ciclista más entusiasta al rodar cuando hace frío, la primera es subirse a la bici cuando el termómetro se acerca a los 0°C del desierto norteño. El frío desaparece mientras se pedalea. Ahora mi reto es pedalear de mi trabajo a casa a las tres de la tarde durante el verano que supera invariablemente los 40°C. Me deshidraté el verano pasado, y he tomado nota de consejos para superar el verano que se acerca. Pedalear en Mexicali, la ciudad más calurosa del país, y una del mundo, no es fácil, pero sé que lo lograré, como lo hice con el duro invierno.  Y en eso estoy, adaptándome a mi nueva vida de ciclista, mi alimentación, mis ropas, mis amigos, mis pláticas y mis piernas han cambiado ¡Por fortuna!

José Manuel549045_10200465634275191_351594524_n
23 años
Estudiante

“Todo empezó por curiosidad”

Soy parte de la minoría ciclista, de ese 0.9% de los habitantes que utilizan la bicicleta como medio de transporte en la ciudad de México. Las razones son varias, pero todo empezó por curiosidad al querer rodar en una bicicleta cuyos pedales nunca paran de girar, a menos que tu fuerza lo permita y posteriormente fue por el placer de lidiar; literalmente, con lo que se te ponga en frente, llámese vehículo, peatón o baches, mejorando así mi capacidad de estar alerta y tomar decisiones rápidamente sin salir lastimado en el intento.

Yo circulo por la ciudad en una bicicleta de piñón fijo, fixed, single-speed o fija (como deseen llamarle). Armada desde cero con la ayuda de un compañero de la licenciatura; la razón de escoger este tipo de velocípedo se debió en gran parte a la  popularidad que han tenido actualmente el uso de estas bicicletas por su funcionalidad y bajo mantenimiento. El afecto que actualmente le tengo a mi bicicleta me ha llevado últimamente a invertir en piezas de mayor calidad y también la he personalizado con estampas; las cuales, considero como un talismán de la buena suerte.

Orientarte en la ciudad de México, circular de forma segura y rápida al mismo tiempo es un atributo que como ciclista adquieres gracias al número de viajes, accidentes con peatones o vehículos, caídas, ponchaduras, desgaste físico y con tu fuerza de voluntad. Como ciclista se de las imposiciones geográficas (como las pendientes pronunciadas) y físicas  (baches, carriles de transporte confinado, vías rápidas etc.) existentes en la ciudad. A pesar de esto, siempre disfrutaré de las bajadas a alta velocidad, pasar entre los coches y poniendo a mi favor aquellos carriles confinados de transporte; al igual que siempre disfrutaré mi regreso a casa, con sus frecuentes y pronunciadas pendientes.

En lo personal, considero que hay más impactos positivos que negativos al usar la bicicleta como medio de transporte. Disfruto de ir no solo a la escuela o al trabajo en bicicleta, sino de viajar en bici a lugares que nuca antes había conocido al interior de la ciudad; esperando que algún día pueda llegar a sus afueras, sin sentirme tan agitado. También disfruto de las actividades organizadas por diferentes grupos de ciclismo, como las competencias de critérium, los alleycats, el footdownytrackstand; las cuales ponen a prueba mi destreza en la bicicleta y en un entorno donde todos compartimos el mismo gusto y nos identificamos con lo que nos da el nombre de ciclistas; la bicicleta!

Mirna_VillafanMirnaVillafán
46 años

“Llevaba a mis hijas a su escuela en bici”

Tengo mucho tiempo andando en bicicleta. Reconozco que han hecho una gran labor, porque cuando yo comencé a pedalear en la ciudad de forma constante, casi era la única.

Al menos por donde yo vivía (en Coyoacán) no me topaba con otras ciclistas. Llevaba a mis hijas a su escuela en bici, transitaba de forma continua en bici, y me movilizaba en ella todo el tiempo. En una ocasión mi hermana estaba en un curso de cocina y necesitaba pulque para un mole que le enseñarían a preparar.  El curso lo tomaba en una escuela de cocina que está en el Centro Veracruzano ubicado en Miguel Ángel de Quevedo y me llamó para pedirme si le compraba 2 litros de pulque en la pulquería que estaba sobre el eje 8 y Lázaro Cárdenas, yo no le vi problema alguno y me lancé por él con mi bici.

Yo estaba vestida con mis ciclistas y una camiseta ligera, al llegar a la pulquería me metí como juan por su casa a la barra para pedir el pulque y en ese momento se me acerca un empleado y me pide que me retire hacia el cuarto pequeño que está junto porque sólo ahí se atiende a las mujeres,  desconocía que las mujeres no teníamos acceso libre a la pulquería.

Pero dentro de la pulquería había concurrencia y todos en ese momento comenzaron a decir en coro: “Que se quede, que se quede….” jajajaja reí mucho pero tuve que salirme al cuartito anexo para poder comprar mi pulque. Ni hablar, ahora ya es solo anécdota porque ya está cerrada esa pulquería como tantas otras que quedaban en la ciudad.

Janina Márquez
22 años
Estudiante/difusión de medios en Scientika A.C

“Mi condición estaba muy mal, pero eso no me detuvo”

Siempre me ha gustado la idea de ser libre, de no depender de nada ni nadie para moverme o hacer mis cosas. Desde pequeña, como a muchos niños, mi papá me enseñó a andar en bicicleta. Primero con llantitas entrenadoras hasta que, poco a poco, pude andar sin ellas. Sin embargo, al ir creciendo en una ciudad llena de coches, taxis, camiones, etc. la bicicleta dejó de ser parte de mi vida un muy buen rato. En alguna que otra ocasión me subí a pedalear en un parque o espacio abierto, pero fue muy raro. Esto cambió hace casi un año y medio cuando me inscribí al servicio de Ecobici, aunque no lo usaba muy frecuentemente. El año pasado, cuando un muy buen amigo sugirió ir al Ciclotón que se organiza en la Ciudad de México el último domingo de cada mes, todo cambió. A partir de ese momento disfruté andar por las calles de la ciudad sin tantas restricciones y con mucha gente que sentía lo mismo.

No voy a mentir, me cansé muchísimo. Mi condición estaba muy mal, pero eso no me detuvo. A partir de ese momento, me entró la idea de querer tener mi propia bici y usarla para transportarme a lugares no muy lejanos. Le dije a mis papás que me iba a comprar una bici y mi papá me dijo que me iba a arreglar una que él tenía abandonada, pero sólo no veía para cuando. Estuve molestándolo un buen rato para que me la diera y sólo no pasaba. El ultimatum fue: “Me la das arreglada o me voy a comprar una.” Fue la mejor manera de presionarlo y desde octubre no he parado. Esa libertad que tienes de moverte y llegar a los lugares en menos tiempo, sin presiones del tráfico, sin gastar en gasolina, verificación, cambios de aceite, etc. es maravillosa. Lo más que le puede pasar a tu bici es que se le ponche una llanta y eso es muy fácil y rápido de arreglar. Poco a poco fui descubriendo grupos y casas de bicis, así como programas, rodadas y eventos, así como encontrarme con gente que también pedalea para moverse.

Aunque me es un poco imposible ir a las rodadas que se organizan en las noches, intento subirme y pedalear diario de mi casa a la oficina y de regreso, e incluso a otros lugares con mis amigos; ir a los Ciclotones, a las rodadas especiales o simplemente salir a rodar un rato (sola o acompañada). Definitivamente debemos eliminar ese estigma de que “la bici es peligrosa”. Los autos son los peligrosos, tanto para la sociedad, la economía y el ambiente. Están bien para viajes largos o trayectos difíciles, pero honestamente creo que es necesario impulsar el uso de la bicicleta, tanto como medio de transporte como de convivencia y vida.

Gunnar Wolf
35 años
Académico

“No tardé en descubrir el gran goce de moverme impulsado por mí mismo”

Tenía la increíble suerte de vivir a menos de 300m de mi oficina — Vivo en Copilco, trabajo en la UNAM. En 2005 inició la construcción del nuevo edificio de mi Instituto, a poco más de 3Km de distancia. Como sólo era cuestión de cruzar la Ciudad Universitaria, a fines de 2006 me compré una bici — Casi casi la más baratita y menos “pro” que pude encontrar.

Tras 20 años de no tocar una bici, al principio me fue algo complicado retomar el ritmo, mantener la línea recta, comprender los cambios… Pero no tardé en descubrir el gran goce de moverme impulsado por mí mismo. Comencé a ampliar mi radio de movilidad, a asumir que manejo un vehículo como cualquier otro chofer a petróleo (y dejar de competir, por tanto, por espacios con el peatón — ¡Terrible error de muchos bicicleteros novatos!) Hoy en día, siempre que puedo me muevo en bici. Mi primer salida “larga” fue en uno de los primeros Ciclotones, en 2008 si no me equivoco. ¿34 kilómetros? ¿Tan fácil? Me encantó. Y si bien al día de hoy no soy tan activo como me gustaría, intento mantener por lo menos una salida al mes de cuando menos dos horas (un Ciclotón mas la ida y
vuelta desde casa). He participado en algunas rodadas masivas; la más memorable, la México-Pachuca del 2009, pero soy más bien ciclista solitario.

Para mí, subirme a la bici es como meditar. Comienzo a pedalear, aún entre el tránsito, aún peleando mi carril, y el mundo fluye a otra velocidad. No estoy ahí, el cuerpo sabe solito cómo manejar. Yo floto por encima de todo, es mi rato de estar conmigo mismo, de estar sólo, de despejar la mente, de disfrutar.

Me encanta moverme en bici por mi ciudad, meterme a colonias de las que no sé más que el nombre para conocerlas, peinar sus calles, registrar mis recorridos… Este hobby me ha llevado a conocer mi ciudad, a adueñarme de ella, y a darle una dimensión humana incluso a esta mega-ciudad.

Erika Pérez
36 años
Empleada

“Disfrutas cada momento  del recorrido”

¡Me encanta la bicicleta!, la utilizo hora y media diario para recoger a mi hija en la escuelita y trasladarla a  un club te tareas por la tarde, trabajo por la zona de Tacubaya, el tráfico es de locos ya que el recorrido es  hacia la colonia Condesa, Tacubaya y algunas veces mixcoac…, me cuesta trabajo ya que llevo a mi hija sobre los diablos, su mochila, lonchera, pero es una sensación increíble disfrutarlo  con ella, la rapidez en la que te mueves, cuando no se puede utilizar la bicicleta, caminamos y procuramos no utilizar transporte alguno a menos que sea necesario, es muy cierto que no hay respeto alguno para peatones y ciclistas…..pero depende de cada uno de nosotros, el tomar conciencia ya que como “yo” que somos peatón, conductor, ciclista etc… debemos aprender a ser tolerantes con todos, hasta con los motociclistas jeje…en lo personal me cuesta un poco tolerarlos, a mi hija le encanta salir en bici  sobre todo de noche, es más tranquilo y no hay mucho sol!!  Disfrutas cada momento  del recorrido por lugares como Ciudad Universitaria, Coyoacán, San Ángel etc… es algo especial, lleno de vida y adrenalina, así que todas aquellas personas que aun no se animan a subir a su bicicleta háganlo es ¡Increíble!.

Alejandro Ponce Mendoza
38 años
Profesor

“Decidí regresar a mi pasión por las bicicletas”

Me gusta la bicicleta desde que era niño y durante mi adolecencia y la universidad siempre la utilicé como medio para hacer ejercicio. Cuando empecé a trabajar en Tabasco el sistema de transporte hacia las afueras de Villahermosa era muy malo, por lo que decidí regresar a mi pasión por las bicicletas. Ya de regreso al DF y con tanto tráfico y la horrible música que traen los micro-buses, decidí utilizar una bici-plegable para llegar al trabajo. Todos los días hago 2 h al trabajo, pero lo disfruto mucho. Desde Naucalpan hasta Xochimilco viajando en bici alrededor de 1h y en metro 45 min. Afortunadamente nunca he tenido ningun percance con los conductores o choferes de Micros; siempre hay conductores que se mete sin precaución o que no pone la direccional, pero uno debe ya estar preparado a ese tipo de problemas, es decir uno debe estar siempre alerta. Trato de ser cortes con todos los conductores y hacer contacto visual y agradecerles, considero que si los ciclistas somos amables, la proxima vez que un automovilista se encuentre con otro ciclista sera gentil con el. Ante todo respetar al peatón (incluyendo: perros y gatos!!!), la ciudad es de todos y la mejor forma de disfrutarla es caminando. Lo ineficiente de algunas líneas de transporte me ayudaron a cambiar mi sistema de transporte y ahora estoy muy contento. Las bicis plegables combinadas con el metro, son una gran herramienta para los que vivimos lejos de nuestro trabajo.

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16 respuestas a Tu historia

  1. Alex dijo:

    Hey hola. Pss esto de ciclista urbano apenas conoci el nombre hace unos meses, pero la bikla, casi desde ke naci. Yo creo que me cai de la andadera y me pusieron en una bici jaja, porke toda la vida he andado rodando, unas veces en bici y otras cuando dejo que las lonjas dominen jajaja. En fin, desde que agarre una bici entendi a punta de trancazos ke la bici merece su respeto y en cualquier callecita tu vida esta en manos (mejor dicho, en ruedas) de tu bici. Vivo en el edomex (segun Jose Alfredo diria donde la vidaaaa no valeee nada) y aka hay una cultura de “atencion” al ciclista surrealista, como solo en Mexico podria ocurrir. Yo a veces siento que los automovilistas tienen una mira telescopica anticiclistas en su parabrisas jeje, porque de verdad hay que estar con los 7 sentidos todo el tiempo para ke no te cargue el payaso. Solo hace poco empece a mirar las cosas desde su punto de vista y estoy seguro de que no tratan de embestirnos con sus armas de una tonelada a proposito, sino que solamente no alcanzan a comprender que el peaton tiene prioridad, despues el peaton ciclista y luego el peaton en automovil. Sobrevivir en estas condiciones es una tarea diaria y me ha llevado 25 años seguir vivito y coleando, mas vivito ke coleando pero aunke tenga miles de percances, llegue enojado, cansado, sudado, despeinao, la bici es y seguira siendo mi gran amor. =)

  2. BOSTON MA. (USA): En una maniana bastante fresca, yo estaba en mis 20’s y estaba en mi ultimo anio de la Universidad… Solia andar mucho en mi bici ya que esa cuidad es una de las mas amistosas y preparadas para esta actividad, por su gran cantidad de estudiantes. En esta en particular olvide que mi hermano que iba a la misma, tenia un examen temprano y yo como a la hora… Como me desperte tarde para el, se fue y me dejo sin carro… Asi es, adivinaron me monte en mi bika y con el mapa oficial de ciclistas de la cuidad (te dice los sentidos de las calles) me aventure a recorrer las 13 millas en linea directa hacia en el recinto.

    Cruze entre el campus de Harvard, llegando por Massachusetts Ave. de ahi cruce sobre el rió Charles, y asi, llegando a Fenway park (estadio de Los Red Sox) finalmente llegue con algunos errores de navegación a mi campus (Wentworth Institute of Technology).

    Para mi sorpresa esto me tomo un poco mas de media hora… pero mas sorprendente fue que cuando llegue me encuentro a mi hermano apenas corriendo a su salón.. y me dice WOW como llegaste si te deje dormido… le dije en mi burra bro, que te paso por que tan tarde pues?!

    Dijo: “Apenas encontré donde estacionar y el trafico estuvo del nabo! Todas los semáforos en rojo ademas…” yo brillaba de gusto, no por el… Sino por que descubrí algo tan formidable, como es depender de tu propia energía como medio de transporte… Desde ese día hasta hoy, la bici es mi novia… No hay día que no deseo estar con ella… y si estoy lejos al ver otra la extranio… Aun la uso para ir a mi oficina hoy!
    Viva la bici moción!

    Desde ese día, al menos que nevara no use el carro… y a mis amigos les entro también la fiebre de la bicicleteada… cuando menos a 3 seriamente…! Saludos!

  3. Raquel dijo:

    Hasta ahora sólo me he limitado a recorrer la ciudad de México en los ciclotones, pero todos los días manejo por universidad mientras una jovencita perfectamente vestida, maquillada y hasta con tacones recorre el mismo camino en su bicicleta. Tan sólo verla pedaleando me hace feliz, pero no he reunido aún el valor para unirme a su recorrido y llegar a mi oficina en bicicleta. Espero en un futuro cercano seguir su ejemplo.

    • Beto dijo:

      Raquel,
      Creo que ya has sido contagiada por el “bicho” de la bicicleta, solo te resta dar el siguiente paso, lo que SI te puedo asegurar es que no te vas a arrepentir, la experiencia cotidiana de surcar los laberintos de esta ciudad en tu bicicleta, te genera una sensación de libertad y bienestar “adictiva”. Solo te recomiendo tomar un par de precauciones: como revisar y planear un par de rutas de tu casa a la oficina, inicialmente de preferencia aquellas que tengan menor tráfico de autos y siempre siguiendo el sentido de las calles, así mismo validar que tengas un lugar adecuada para dejar tu bicicleta en tu oficina, lo ideal es en el estacionamiento o en un lugar seguro en el que puedas mantener contacto visual o en su defecto puedas con una cadena o “U lock” asegurarla a un poste u objeto fijo. (Siempre deja tu bici asegurada, para evitar pasar malos un mal rato).
      Obviamente dadas las circunstancias climáticas actuales, debes buscar un buen impermeable y si es posible tener un cambio de ropa extra en tu oficina por cualquier imprevisto.
      Por último, no está de mas recordarte que la ciudad está poblada por ciclistas tanto en grupo (como Bicitekas) como individuales que como lo has visto disfrutan todos los días de esta ciudad, no tan solo como medio recreativo si no como medio de transporte sustentable, y que están (estamos) más que gustosos en ayudarte en esta jornada … Suerte!

      Suerte!

    • Daniel Pichardo dijo:

      Animate! #Enbicisinmiedo! En la ciudad cada vez se respeta mas al ciclista. Solo proveete del esquípo básico para rodar: Luces, reflejantes, guantes, casco, y muchas ganas!. Esperamos verte x la ciudad rodando. Salud!

  4. erika perez dijo:

    hola!

    bueno hace unos meses para ser exactos 7, soy una ciclista urbana junto con mi retoño, soy oficinista y del trabajo salgo a la hora de comida a recoger a mi peque a la escuelita, posteriormente llevarla a otra escuela por la tarde, ella va en la parte de atras sobre los diablos, con su casco y chaleco, ciento decir que yo aun no tengo casco , pero pronto lo tendre, esto nos a ayudado a ambas
    a ser tolerantes, unidas, trabajar en equipo y platicar….solo tengo una hora y media máximo para hacer estos traslados antes de regresar a la oficina, es increible la rapidez en la que te mueves, muy cansado pero exitante y satisfactorio..pues bien a mi me a caido de maravilla, cada que podemos como familia hacemos paseos en bicicleta, asi que yo les diria que se animen a hacerlos y veran lo mucho que les ayuda…..suerte a todos!!!

  5. Maria Esther Amaro Toledano dijo:

    Tengo 51 años desde niña me encantaba pasear en bicicleta era muy audaz y me encantaba jugar carreritas y siempre terminaba con raspones pero era feliz paso el tiempo y la deje por muchos anos.Tiene aproximadamente un año que me anime a volver a subir y me sorprendi que no se me olvido pedalear participo en cicloturixes pues mis rodillas estan mal y se que me hace mucho bien participar.Tengo tres hijos y los tres les encanta la bicicleta la cual es su medio de transporte.Se respira,se disfuta

  6. Nos gustó y pensamos imprimirlos y repartirlos en oportunidad de crear muy pronto, en Colonia
    del Sacramento-Uruguay, el Museo de la Bici, en un todo orgánico con el cuerpo humano y el medio ambiente. Juan Carlos. tel.00598 4522 4304-Email:interactivocultural@gmail.com (para correos científicos-medioambientales, recomiendo:intercircuitocultural……….)

    • maferpeki31 dijo:

      Lo que quieres es mi autorización para usar mi relato y foto, adelante puedes hacerlo….. Saludos!!!😊

      ERIKA PEREZ

      Date: Tue, 19 Mar 2013 18:45:58 +0000
      To: mafer_peki31@hotmail.com

    • Gunnar Wolf dijo:

      Al igual que Erika, con todo gusto te autorizo a usar mi contribución a este espacio. Me encantaria, si lo editan, que me lo hagan saber: Mi esposa es argentina, y viajamos a Paraná, Entre Ríos, por lo menos una vez al año. Me encantaría aprovechar uno de esos paseos para darme una escapada y conocer Colonia, y de paso hacerme de un bonito recuerdo en el que participé 😉 (Pero claro, no condiciono mi asentimiento, es meramente un deseo).

      – Gunnar Wolf, México DF, gwolf@gwolf.org

  7. Veronica Flores dijo:

    Hola! la verdad yo nunca me e subido a una bicicleta me da pavor Y he oido tantas y espelusantes historias, hasta mi esposo esta pensando en comprarme una bicicleta de tres ruedas y el ir en una regular. Pero de que es un buen ejercicio el andar en bici, lo es. muy buena pagina y me inspiro. Desde Sacramento California E.U.

  8. miramamasingasolina dijo:

    Puro licenciado xD
    Que bien que mas gente le entre a esto del ciclismo.

  9. Johnf271 dijo:

    Spot on with this writeup, I actually believe this website needs a great deal more attention. Ill probably be returning to read through more, thanks for the info! eaeegegfkbed

  10. Hola! estuve escribiendo sobre el ciclismo y me gustaria que me ayudaras a difundirlo! seria de gran ayuda. Dejo aqui el link del articulo:
    https://kerfit.wordpress.com/2015/01/13/una-aliada-en-la-ciudad/
    Muchas gracias!

  11. Deseo enviar mi historia como gestor y acompañante en bicisenderismo urbano y aventura en Colonia del Sacramento- Uruguay. Me cuesta trabajar en P.C., pero realizo muchas actividades para este deporte, COMPROMISO grupal y para la familia. NO ENCUENTRO FORMULARIO PARA INGRESAR MI HISTORIA. que es muy rica en solidaridad cultural y urbanística. Juan Carlos Silvestri, ex director en Enseñanza Media y Guía de Turismo, habilitado por el Ministerio de Turismo y Deporte.(MINTURD) Tel. 098 384 623 (NOTA: no puedo entrar a mi segundo correo: intercircuitocultural@gmail.com ,Extraviose de mis apuntes, trataré de recuperarlo.,

  12. Hermosa oportunidad nos brindan, disfrutamos de actividades que realizan hermanos de Ameríca. Reitero: me cuestra enormemte. las operaciones en PC., pero las invitaciones en mi ciudad para realizar bicisenderismo quizás sobrepasan mi 70 y pico pirulos.Tengo mucho para informar. Ya algo adelante en no se que introducción de ésta. Aparezco en facebook, y en Youtube, por video:Verano 360. Quizás en este comentario, llego a Uds, por lo anteriormente expresado. Juan Carlos Silvesrtri.Colonia del Sacramento R.O. del Uruguay. Tel.0098 4522 43047 Móvil 0983846523

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